mayo 14, 2015

Diez claves para despertar la motivación en el aula

Thomas Alva Edison, con cierto humor, manifestaba que antes de crear la bombilla eléctrica, descubrió 100 maneras de cómo no hacerla. A pesar de tantas experiencias frustradas, el inventor norteamericano se sobrepuso a sus errores para conseguir su meta. Otra eminencia de la ciencia, Albert Einstein, Preguntado por la clave de su éxito, confesaba que el mérito de su trabajo no era tanto por su inteligencia como por su perseverancia.

Motivar proviene del latín “movere” que se traduce como poner en movimiento o estar listo para la acción. La motivación se convierte en la pieza fundamental del aprendizaje. El estudiante motivado hierve de energía interna para superar las trabas del estudio.

Queda claro que la motivación es un motor necesario para garantizar el aprendizaje real y efectivo. Pero ¿cómo alentar y provocar la sensación de motivación en el estudiante¿

Motivación y educaciónLos psicopedagogos diferencian la motivación intrínseca de la extrínseca. Esta última se caracteriza por su impulso externo. Bien sea por parte de la familia o por iniciativa del docente, el primer empuje motivador surge desde fuera. Padres y docentes tienen el compromiso de promover el agrado por el aprendizaje en el estudiante. Luego, sí, se impone la fortaleza de la motivación intrínseca. Una vez que el estudiante ha descubierto sus metas y ha conocido el camino para lograrlas, su impulso interno será la mejor fuerza de avance.

1. Ofrecer una sensación de orden y control

El docente se convierte en el primer engranaje de la motivación para el estudiante. El acompañamiento y guía que ofrece a los estudiantes será la clave principal para alentar el interés por la materia.

El estudiante busca en el aula un ambiente de seguridad. El docente está llamado para crear y entregar esas condiciones de control y estabilidad que alentarán el aprendizaje. Un primer paso para crear este espacio de trabajo radica en las consignas de interrelación que se dispongan.

La diferencia entre una escuela de “obligaciones” y una escuela de “motivaciones” se basa en la disposición de las reglas de comportamiento. Con frecuencia, el docente dispone, desde su experiencia, las pautas de trabajo y relacionamiento en el aula. Ante la mirada de los estudiantes, esta asignación de obligaciones no resulta grata.

Un docente motivador creará el espacio de diálogo pertinente para que estudiantes participen en la creación de las consignas de funcionamiento del aula. La acción propositiva de los estudiantes les involucra en un compromiso compartido para respetar y hacer respetar las disposiciones. Todos se convierten en responsables por el buen desempeño del aula.

Con acciones como ésta, el estudiante siente la confianza de desarrollarse en un espacio propio.

2. Objetivos definidos

La definición de unos objetivos claramente trazados marca el norte de las actividades. Tanto docente como estudiantes saben a dónde avanza y por qué avanzan. Esta claridad de objetivos ayuda a trazar las expectativas y a diseñar los medios para alcanzarlos.

El docente dispone diversas herramientas de aprendizaje que ayuden a los estudiantes a cubrir los objetivos trazados. La utilización de dinámicas diferentes permitirá a los estudiantes encontrar su propio sistema de aprendizaje que les permita alcanzar el objetivo. El profesor que utiliza un mismo sistema de enseñanza está forzando a los estudiantes en sus métodos de enseñanza, lo que no solo provoca monotonía, sino que desmotiva a estudiantes que buscan otras dinámicas de aprendizaje.

La retroalimentación permanente se convierte en un elemento fundamental para mantener activos a los estudiantes. Conocer el resultado de sus avances y recibir información ágil para mejorar los resultados alienta al estudiante en la búsqueda de su superación.

3. Ambiente cordial

De sobra es conocida la rebeldía del joven frente a la autoridad. El docente debe proponer un nuevo sentido de autoridad en el aula para superar esa barrera emocional y proyectar un espacio de convivencia armónico. La motivación positiva fortalece el nuevo rol de autoridad.

Se considera como motivación positiva aquellos actos que emanan de la autoridad y alientan la superación permanente. El docente alienta a los estudiantes mediante la entrega de recompensas por los logros o satisfacciones obtenidas. Se premia el esfuerzo y la consecución de metas. Por medio de la motivación positiva se instruye en los estudiantes la idea de que cada acto conlleva una consecuencia, alejando esta idea de la sensación negativa que provoca el castigo.

Los incentivos en el trabajo de aula rompen la rutina de una enseñanza basada en la repetición. La conquista de pequeños logros diarios permite consolidar la confianza del estudiante y alentar su autoestima. Se siente en un ambiente seguro que alienta el desempeño de sus habilidades.

Un ambiente diferente ofrece una motivación permanente.

4. Otorgar responsabilidad a los estudiantes

La experiencia que un estudiante posee de responsabilidad está ligada a la sensación de castigo. Con demasiada frecuencia, la responsabilidad ha sido la palabra usada para sancionar el comportamiento del estudiante.

Proyectar el concepto de responsabilidad al grupo permite revertir la sensación negativa. La responsabilidad compartida alienta la integración y la colaboración del grupo. Los liderazgos internos asumen la necesidad de cooperación para garantizar el éxito. Se pasa de una responsabilidad individual a un sentido compartido de la responsabilidad.

Los trabajos y retos que se dispongan con un propósito didáctico involucrarán el apoyo colaborativo para la superación. El docente acompaña el proceso elogiando los méritos logrados y guiando la superación de las dificultades. El docente también debe involucrarse, de alguna manera, en la responsabilidad grupal.

Las prácticas educativas que potencian el papel del docente como rector del proceso y limitan a los estudiantes a la réplica del conocimiento proyectan comportamientos pasivos y desmotivadores. Estas actitudes pedagógicas diluyen el interés por superarse del estudiante.

5. Docente entusiasmado

¿Podrá lograrse un curso activo sin la actitud de un docente motivado? El profesor se convierte en el modelo a seguir por parte de los estudiantes. Su entusiasmo por la enseñanza contagiará a los estudiantes las ganas de aprender.

Un docente motivado conoce a los estudiantes, se preocupa por ellos, les hace partícipes de los progresos en el aula. La atención que ofrece a los estudiantes es genuina. No se trata de conocer los nombres, sino de avanzar en la asimilación de los intereses del grupo y aplicarlos en la enseñanza. Alienta la atención de los estudiantes involucrándose de manera directa en la enseñanza; aprender juntos.

Un docente entusiasta servirá de incentivo para despertar la motivación intrínseca de cada estudiante. Su ejemplo impulsará a cada estudiante a descubrir el amor por la superación, tanto personal como en un ambiente grupal.

Le lenguaje utilizado por el docente infundirá al estudiante sensaciones personales. Con un lenguaje positivo, alentador, ayudará a crecer. Por el contrario, la crítica y el rechazo discursivo hundirán al estudiante en el pozo de la desmotivación.

6. Manejar la ansiedad

El temor al fallo se ha identificado como el principal limitante en los aprendizajes. La posibilidad de fracaso genera una ansiedad perjudicial en los estudiantes. En época de exámenes, es recurrente toparse con estudiantes paralizados ante la idea de no superar las expectativas trazadas.

Tanto la familia como la escuela deben asumir el fracaso como un paso del aprendizaje, un etapa necesaria que debe ser superada sin provocar traumas. El fracaso obliga al estudiante a conocer sus errores y limitaciones para buscar una solución que permita superarlos. El docente en su papel de guía y la familia como sustento emocional, tiene acompañan el proceso de recuperación y superación de las limitaciones.

En el aula, se diseñan ciertas actividades como concurso. Estas acciones implican unos pocos ganadores y varios derrotados. Se abona, de esta forma, la sensación de derrota. En lugar de estas competencias, el reto docente es trazar metas altas para que cada estudiante las supere y se sienta ganador. Son metas altas pero alcanzables para las cuales, el docente empuja a los estudiantes en la conquista del desafío.

La retroalimentación permanente entre docente y estudiante ayudará transformar los errores en oportunidades de superación. Un impulso para continuar aprendiendo.

7. Crear espacios de distención

El ambiente de estudio atrapa el interés del estudiante. Un aula agradable alienta la participación activa; un aula oscura induce sueño y distracción. El espacio de trabajo académico tiene que resultar agradable. Así aliente la motivación de los estudiantes.

Las actividades lúdicas y dinámicas provocan una experiencia de aprendizaje agradable. El docente diseña diversas actividades de aula que enriquezcan el aprendizaje mediante juegos o retos. Un aprendizaje atrayente.

La imagen de la escuela como espacio obligado de trabajo, marcada por el rigor y la disciplina cuasi militar quedaron en la historia. El espacio de aprendizaje ofrece muchas alternativas que ayudan a romper la monotonía del aula. Salidas al exterior, visitas en la biblioteca, acceso a computadoras son algunas alternativas que cambian el espacio de enseñanza y renuevan la expectativa del estudiante.

8. Mayor atención al aprendizaje que a la nota

La libreta de calificaciones refleja una parte de los logros adquiridos. El resultado numérico de las calificaciones resulta un indicador comparativo en muchos hogares. Es necesario comprender cómo se llega a esa  situación para valorar adecuadamente los aprendizajes.

El docente planifica las pruebas de evaluación a partir de las dinámicas de enseñanza aplicadas en clase. Tanto las dinámicas como las pruebas priorizan el valor del aprendizaje deseado. En este sentido, los exámenes se diseñan en virtud del aprendizaje obtenido y no de la facilidad de corrección que ofrecen al docente.

Uno de los factores principales de evaluación se centra en  el criterio de autoevaluación por parte del estudiante. La satisfacción lograda por parte del estudiante en torno a los nuevos saberes adquiridos, y la capacidad de vincular esos saberes en contextos cotidianos de la vida requieren una plasmación en el criterio de calificación final.

El sistema de evaluación debe conectarse con el plan de aprendizaje dispuesto. Ya en cursos superiores, el docente puede incluir la evaluación entre pares, la evaluación entre compañeros como otro elemento de valoración del aprendizaje.

9. Fortalecer la automotivación del estudiante

La motivación externa tiene un alcance temporal. Aquel docente que hace de sus clases un espacio idóneo para el aprendizaje concluirá el año y pasará a ser responsable de otro curso. Por ello, el mejor aliento motivador genera el ímpetu personal del estudiante por seguir superándose.

Un buen docente destinará tiempo suficiente para promover el aprendizaje reflexivo, el que supera el valor de la nota y se centra en el conocimiento adquirido. La automotivación pasa por la capacidad del estudiante para evaluar los logros personales, identificar las dificultades y proponer medidas de superación a las mismas.

Como docente, la tentación de hacer la vida más fácil al estudiante está latente. La capacidad de alentar al estudiante para que genere sus propios procesos de aprendizaje invita al docente a evitar las soluciones rápidas y las respuestas directas. La alternativa frente a este facilismo educativo requiere consolidar la idea en el estudiante de que él solo también tiene las competencias necesarias para superar los problemas y buscar la respuesta a los problemas educativos planteados.

10. Permitir las condiciones óptimas para el estudio

La corresponsabilidad de la familia en el proceso de motivación conlleva la obligación de alentar en todo momento el aprendizaje del estudiante. La función de los padres no se limita simplemente a “manda al hijo al colegio”. Además de participar del proceso de crecimiento y aprendizaje, con sus comentarios, deben priorizar la educación como la actividad central del estudiante.

En el hogar, resulta interesante crear un espacio “de trabajo” amplio que le permita estudiar en condiciones adecuadas. Si además se permite que el estudiante lo personalice con su estilo propio, encontrará ahí un complemento ideal para el desempeño escolar.// Diálogo educativo

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